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domingo, 15 de junio de 2014

Carmen - Acto IV

En el cuarto y último acto volvemos a Sevilla. Es tarde de toros y asistimos a una encantadora escena costumbrista con niños, soldados, putarracas, toreros, vendedores, es decir todo lo que llevamos viendo desde el acto primero, pero todo a la vez, que siempre hace más mono. Carmen está en Sevilla para ver a Escamillo, que para sorpresa de propios y extraños se ha convertido en su nuevo amante. Pero las putarracas amigas suyas le avisan de que les ha parecido ver a Don José escondido. Y, en efecto, allí está. Acaba de volver de Pamplona tras la muerte de su madre, y no es que por una vez Micaela hubiera acertado con sus visiones. La madre de Don José estaba como una rosa de pitiminí, pero en cuanto vio a su militar retoño entrar por la puerta de la casa, se le cruzó el cinco por ocho del zortzico y no volvió a levantar cabeza. Para aliviar sus sufrimientos hubo que recurrir a la eutanasia pasiva, a la activa y a la perifrástica, pero al final Don José, deshecho en llanto, enterró a la pobrecilla, y de paso consiguió por fin dar esquinazo a Micaela, que le tenía la cabeza loca con sus mentecateces.  Como creo que ya hemos mencionado en alguna ocasión, Don José es tonto de remate, así que en vez de aprovechar para irse a tomar las aguas a algún elegante balneario para reponerse, lo que hace es irse corriendo a Sevilla a comprobar si Carmen le engaña o no con el torero, aunque para averiguar eso no hacía falta irse hasta el Guadalquivir, porque hasta en Groenlandia saben que Carmen le ha puesto unos cuernos del tamaño de la Giralda.

Carmen - Acto III

El tercer acto se desarrolla en la guarida de los contrabandistas, situada en un lugar remoto y oculto en la sierra agreste y montaraz. Ha pasado un cierto tiempo, y los dos protagonistas están hasta el gorro el uno del otro: Carmen, pasados los tres días de media que le duran los enamoramientos, ya solo ve en Don José lo mismo que los demás, es decir, que tiene un encefalograma más plano que una zapatilla de esparto. Don José, por su parte, pese a lo débil de su conexión con la realidad, se da cuenta de que el peso que lleva días notando en la frente no es una migraña, sino los cuernos que Carmen le está empezando a poner hasta con el encargado del guardarropa, al que todos hasta entonces conocían como "La Moderna". Toda la banda de contrabandistas y meretrices está a su vez hasta el gorro de las tontunas de la pareja, y en estos y otros amorosos coloquios pasan alegremente los días en el remoto refugio. Carmen quiere consultar al destino, así que llama al canal de Televidencia, donde Sheherazade Gonzaless, tras consultar el tarot de los ángeles, le dice que le ve un futuro muy prometedor en el campo de la ingeniería de telecomunicaciones, y que un señor moreno, alto y apuesto le hará tres churumbeles como tres soles. Carmen, que es muy larga, no se queda en la superficialidad de las palabras de la videnta, sino que interpreta semejantes augurios como un anuncio de que su muerte está cerca, pero sigue haciendo lo que le sale de sus morenas partes. 

Carmen - Acto II

El acto segundo cambia radicalmente, y nos encontramos con que todo el protagonismo recae en una ONG dedicada a dar tratamiento a niños que han sufrido acoso en la escuela. El sujeto por el que se interesan es un caso realmente difícil: un sevillano de pura cepa, cuyos padres, que se creían en la cresta de la onda, no tuvieron otra ocurrencia que ponerle de nombre de pila "Lilas". Con dos eles, que eran ellos muy afrancesados, pero Lilas, al fin y al cabo, y Pastia de apellido, con lo que a la criatura en el colegio no es que le pegaran sus compañeros de vez en cuando, es que los turnos de las palizas venían ya en la Programación General Anual del centro y pasaban por el Consejo Escolar y todo. La ONG había establecido un plan de actuación de urgencia con el chaval, que incluía retirarle la custodia a los padres, y montarle un negocio al nene, que ya estaba crecidito, para intentar que comiera caliente de vez en cuando. El bueno de Lilas pidió que le ayudaran a abrir una enoteca / gastrobar, pero en la ONG, que en realidad era una tapadera del presidente del Sevilla para blanquear dinero procedente del tráfico de costaleros, le dijeron que lo único que les quedaba era el kit de taberna inmunda de putas y contrabandistas, así que el lila de Lilas (perdón, Lillas) tuvo que conformarse. Lo cierto es que el negocio no le va nada mal, pues lo encontramos lleno de los dos tipos de parroquianos que constituyen su target, es decir, putas y contrabandistas, completando el aforo los militares del regimiento del pobre Don José, que van allí a ahogar en alcohol sus escasos ratos de ocio. Ni que decir tiene que Carmen es el alma del local, enloqueciendo hasta el delirio y sin remedio a todos los hombres que pasan por la taberna, excepto a los contrabandistas, que están muy metidos en sus chanchullos para prestar atención al grupo que forman Carmen y dos amigas, que se están preparando en secreto para abandonar el mundo del vicio y presentarse a los castings de La Voz. En estas y otras milongas andan todos, incluyendo al superior de Don José, que frecuenta la taberna con la intención de frecuentar ciertas partes de la anatomía de Carmen, que se niega a pasar por la cama si el capitán no pasa antes por caja. Don José, a todo esto, lleva varios meses en un oscuro y húmedo calabozo en el que no halla más compañía que la de una avecilla que le cantaba al albor ni más consuelo que pensar día y noche en su adorada Carmen, de ensortijados cabellos negros como la pez. 

Carmen - Acto I

Esta es la historia de un niño que nació en un soleado día de primavera en Pamplona. Su madre, que era muy rumbosa, le puso por nombre Don José, convencida de el bebito llegaría a hacer grandes cosas en la vida. A los tres días estaba completamente desengañada, porque en seguida se dio cuenta de que el adorable chiquillo era más tonto que una mata de habas, así que apretó los dientes y aguantó como pudo hasta que el nene tuvo edad de merecer, lo apuntó a la Guardia Civil, lo empaquetó lo mejor que supo y lo mandó por SEUR a Sevilla, con la idea de que la Benemérita y la madre patria, en orden a elegir, le aguantaran las tontunas al angelito.