Estamos en la cámara nupcial de Elsa y el caballero, que entran en escena acompañados, oh sorpresa, por una solemne procesión de nobles y noblas, incluyendo al rey, que no se pierde una. Elsa, que para sorprender a todos ha decidido vestir de blanco, llega acompañada de las mujeres y el caballero de los hombres, claro, y todos van entonando la marcha nupcial, mientras el público por lo bajo les acompaña tarareando, que este trozo sí que se lo sabe hasta el gato. Cuando por fin, tras muchos esfuerzos, consiguen echar a todo el mundo y se quedan solos, se dan cuenta de que es la primera vez que están solos desde que se conocieron, y claro, el caballero está que no puede, inflamado de pasión y deseando consumar el matrimonio con su hermosísima y purísima mujercísima.
Pero cuando él termina de cantar sus amorosas endechas, se diría que Elsa no está tan por la labor de arrojarse en los brazos de su esposo, y es que, como todos sabemos, la duda la corroe por la pésima influencia de Ortrud y Telramund, lo que son las malas compañías, sobre todo las de ópera. Ella también le canta a él lo enamoradísima que está, pero en cuanto el otro se le acerca con lúbricos aunque legítimos propósitos, ella retrocede y se pone a hablar de que si el amor patatín y la pureza patatán, pero de quitarse el vestidito blanco, naranjas. Menos mal que la cota de malla le permite a él disimular la por otra parte nada desdeñable cota de deseo que está alcanzando, e incluso se permite hacer un juego de palabras bastante subido de tono sobre lo alta que está la edad media y las ganas de que se le baje, pero Elsa como si oye llover. En un momento dado, y para romper el hielo, le propone una partida del juego de moda, que es el Trivial Pursuit German Medieval Legends Edition, y el caballero se ve obligado a sentarse ante un tablero cuando lo que preferiría sería recostarse sobre un colchón, o más específicamente, recostarse sobre Elsa recostada en un colchón. Pobrecillo, la que le espera.
Pero cuando él termina de cantar sus amorosas endechas, se diría que Elsa no está tan por la labor de arrojarse en los brazos de su esposo, y es que, como todos sabemos, la duda la corroe por la pésima influencia de Ortrud y Telramund, lo que son las malas compañías, sobre todo las de ópera. Ella también le canta a él lo enamoradísima que está, pero en cuanto el otro se le acerca con lúbricos aunque legítimos propósitos, ella retrocede y se pone a hablar de que si el amor patatín y la pureza patatán, pero de quitarse el vestidito blanco, naranjas. Menos mal que la cota de malla le permite a él disimular la por otra parte nada desdeñable cota de deseo que está alcanzando, e incluso se permite hacer un juego de palabras bastante subido de tono sobre lo alta que está la edad media y las ganas de que se le baje, pero Elsa como si oye llover. En un momento dado, y para romper el hielo, le propone una partida del juego de moda, que es el Trivial Pursuit German Medieval Legends Edition, y el caballero se ve obligado a sentarse ante un tablero cuando lo que preferiría sería recostarse sobre un colchón, o más específicamente, recostarse sobre Elsa recostada en un colchón. Pobrecillo, la que le espera.
Bueno, pues la muchacha no pierde el tiempo, y para enseñarle a su cachondo esposo la mecánica del juego, le dice que va a sacar una tarjeta cualquiera (en pergamino, claro, imagínense lo que ocupa aquello), y así, al azar, como quien no quiere la cosa, le hace la primera pregunta que le sale, que viene a ser "¿Cuál es el nombre, el linaje y la procedencia del caballero que llegó en una barca tirada por un cisne?". Pero claro, en ese momento digamos que el cerebro del caballero no es su órgano con mayor irrigación sanguínea, así que ni se entera y va y le pide que le de más datos. "Sí, hombre, céntrate, un caballero, una barca, un cisne, seguro que te la sabes, piensa un poco..." En ese instante toda la sangre le acude de golpe a la cabeza, y el pobre chico toma conciencia de lo que Elsa le está preguntando, y se horroriza y se estupefacta y justo cuando iba a comenzar una versión improvisada del "Cómo pudiste hacerme esto a mí", no le da tiempo a hacer más esparajismos porque justo entonces entra Telramund, siempre tan oportuno, con los cuatro anormales que le seguían en el acto II, y ataca al caballero como el bicho malo y traidor que todos sabemos que es. Elsa, por una vez, reacciona a tiempo, le da su espada, y el caballero de la reluciente armadura se carga al bobo de Telramund en menos que se santigua un cura loco. Los otros cuatro mentecatos caen de rodillas, posición que se nota que no les disgusta en absoluto. Y el caballero, triste y desolado, le dice a Elsa, que está como transida y medio desmayada, que la verá delante del rey, donde responderá a todas sus preguntas.
Y volvemos a donde empezamos, a la llanura junto al río en la que los nobles brabanzones se están reuniendo para, eso creen ellos, irse a la guerra contra los húngaros. Y como no puede ser menos, en vez de quedar todos allí a una hora, tienen que ir entrando uno a uno, cada uno con su séquito, para que la cosa dure lo más posible. El último en aparecer, también con su correspondiente cortejo de nobles, es el rey, y todos se dedican a esperar al Protector de Brabante para que se los lleve a la guerra, que también se los podía llevar a Port Aventura, digo yo. En fin, en éstas andan cuando aparecen, como una solemne procesión, que hacía mucho rato que no veíamos una, los cuatro seguidores de Telramund que tenemos ya más vistos que el tebeo, que aparecen portando un cadáver, pero lo llevan cubierto, así que los nobles aprovechan para hacer grandes aspavientos y encomendarse a todo el santoral por el estupor que les consume.
Aparece entonces Elsa, y esto no se lo van a creer, pero viene vestida de blanco y con un gran cortejo de damas que la acompañan. La verdad es que la chica es bastante predecible, y todas las damas están deseando que se acabe la ópera para poderse poner ropa normal y dejar de procesionar a todas horas, que menudo plan, sobre todo porque como en teoría los hombres se iban a ir a la guerra esa mañana, todos les han puesto ya a sus damas los cinturones de castidad correspondientes, con lo que el ruido de metales y candados es ensordecedor. Elsa llega demudada y cariacontecida, con lo que todos los nobles aún hacen más numeritos de asombro y horror.
Por fin llega el Protector, y lo primero que les dice es que, de ir a la guerra, nada de nada, y aquí ya sí que los nobles se descoyuntan y varios sufren contracturas y esguinces en todas las articulaciones, porque a todos les hacía una ilusión horrorosa ir a que les matasen los húngaros, y se quedan todos chinchadísimos al tener que quedarse en casita. Luego les dice que el fiambre es Telramund, pero eso ya, después del disgusto que se han llevado, pues como que les da igual. Y entonces es cuando el Protector suelta la bomba: la dulce, la dulcísima Elsa le ha traicionado mucho y muy bien. Bueno, bueno, bueno, aquí directamente empiezan a llegar ambulancias traumatológicas para recoger los miembros dispersos de los nobles del patatús que les da a todos pensando que Elsa le ha puesto los cuernos al Protector, y maravillándose de la rapidez de la muchacha, pues al fin y al cabo, la boda ha sido ayer. Todos se calman un poco cuando el Protector les cuenta que la traición de Elsa consiste, como todos sabemos, en haber violado su palabra de no hacerle las preguntas dichosas: su nombre, su linaje, su procedencia. Y ahora él no tiene más remedio que contestar a sus preguntas. Menudo drama.
Así que les cuenta todo, pero todo, todo. Les habla de que viene de un lugar llamado Montsalvat donde se custodia el Grial, que su padre es Parsifal y su nombre es Lohengrin, así, de un tirón. Bueno, esto es un resumen, claro, porque al fin y al cabo es un tenor, así que se tira un buen rato para dar la información, pero vamos, la sustancia es ésta. Ni que decir tiene que todos se quedan obnubilados y meditando sobre el gran misterio que les ha sido narrado, y todos están pensando en lo mismo: cómo es posible que Parsifal haya conseguido tener un hijo, si todo el mundo sabe que es marifloro y vaginofóbico vocacional, y las técnicas de reproducción asistida no es que estén muy desarrolladas a esa altura de la Edad Media. Pero cualquiera le pregunta algo así al rutilante héroe, así que todos se quedan callados como muertos. Todos menos Elsa, que está al borde del colapso nervioso, y por fin se decide a inquirir, con voz trémula: "¿Lohengrin? Pero ¿la hache es aspirada o no? ¿Y la i lleva acento? Porque así no hay quien se aclare". En ese momento, el cisne, que venía lento y majestuoso acercándose por el río, le salta al cuello e intenta estrangularla, para regocijo de los presentes, que están hasta el gorro medieval de las tonterías de la nena, de sus procesiones y de sus vestiditos blancos. Sobre todo de sus vestiditos blancos.
Aparece de pronto Ortrud en plan bruja maléfica gritando como una loca que ha vencido, que gracias a Elsa Lohengrin tiene que marcharse, y ya para fastidiar, le dice a Elsa que el cisne es su propio hermano, el niño desaparecido al que ella hechizó. Elsa no se lo cree, y dice que cómo va a ser su hermano si está intentando estrangularla, a lo que Ortrud le responde que hasta la cuñada del apuntador está deseando estrangularla desde el primer acto. Lohengrin acude en auxilio de Elsa, consigue calmar al cisne, se lo lleva a la orilla y se pone a rezar con gran fervor. De pronto, aparece en el cielo la paloma del Grial, y el cisne se hunde en el río. En su lugar aparece Gottfried, el hermano desaparecido de Elsa, que en cuanto llega a tierra se echa al cuello de su hermana intentando estrangularla para terminar el trabajo que empezó como cisne. Pero Lohengrin consigue calmarlo también en su forma humana, y los dos hermanos se abrazan tiernamente. Lohengrin sube a la barca, y a falta de cisne, es la paloma la que tira de la embarcación, pero claro, le cuesta un triunfo por mucho que sea la paloma del Grial, así que va dejando un rastro gigantesco de caca de paloma al alejarse por el río llevándose con ella para siempre a Lohengrin mientras cae lentamente el telón.
Esperando ya la próxima
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