domingo, 31 de agosto de 2014

Lucia di Lammermoor - Acto III

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Estamos ahora en un salón en la Torre del Risco del Lobo, que viene a ser la casa familiar de Edgardo, que no podía vivir en Villa Maripili, claro. Todo está manga por hombro, y se ve a la legua que la ruina se ha abatido sobre la familia como una siniestra ave carroñera sobre el cadáver de algún adorable cervatillo. O cabritillo. Para acabar de animar la cosa, hay una tormenta que no se la salta un tenor, y de hecho, vemos a Edgardo, que está retorciéndose las manos y poniendo caras de protagonista de ópera al pensar en los terribles acontecimientos de la noche, cuando, entre los zambombazos que da la orquesta para simular la tormenta, le parece oír un caballo que se acerca, lo que implica que un caballero se acerca con él, claro.

lunes, 18 de agosto de 2014

Lucia di Lammermoor - Acto II

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Estamos ahora en el castillo, ha pasado un tiempo, y vemos a Enrico y a Normanno, en plan conspirador. Enrico ha organizado la boda de Lucia para su propia conveniencia y teme que la otra se le ponga chula y le mande a tomar porridge o alguna otra exquisitez local. Además, nos enteramos de que el hermanito y el otro se las han ingeniado para evitar que las cartas de Lucia le lleguen a Edgardo y que las cartas de Edgardo le lleguen a Lucia, y no solo eso, sino que han falsificado una carta en la que se cuenta que Edgardo ama a otra. Vamos, que no se puede ser peor, menuda familia. 

Enrico y Normanno, venga a conspirar

jueves, 7 de agosto de 2014

Lucia di Lammermoor - Acto I

Lucia (pronúnciese Luchía, a la italiana, si uno no quiere quedar como un pobre cateto completamente out) es una chica escocesa, y como tal, tiene todas las características típicas de las chicas escocesas, a saber: viste pesados kilts sin atisbo de ropa interior debajo, bebe whisky (escocés) las veinticuatro horas del día, y luce una larga barba pelirroja que le llega hasta la cintura y que nunca se afeita porque las chicas escocesas son muy femeninas y afeitarse les parece cosa de hombres. Además de estas características, como ya hemos dicho comunes a todas las chicas escocesas, Lucia tiene otra característica propia, y es que es una hembra de armas tomar. Solo así se explica que para cuando empieza la ópera ya sea capaz de estar enrollada con el peor enemigo de su familia, que lo de la muchacha también es tener tino a la hora de elegir novio. Un cuadro, vamos.
Lucia, en una época en la que tuvo que afeitarse la barba por un problema de psoriasis escocesa.

domingo, 27 de julio de 2014

Lohengrin - Acto III

Estamos en la cámara nupcial de Elsa y el caballero, que entran en escena acompañados, oh sorpresa, por una solemne procesión de nobles y noblas, incluyendo al rey, que no se pierde una. Elsa, que para sorprender a todos ha decidido vestir de blanco, llega acompañada de las mujeres y el caballero de los hombres, claro, y todos van entonando la marcha nupcial, mientras el público por lo bajo les acompaña tarareando, que este trozo sí que se lo sabe hasta el gato. Cuando por fin, tras muchos esfuerzos, consiguen echar a todo el mundo y se quedan solos, se dan cuenta de que es la primera vez que están solos desde que se conocieron, y claro, el caballero está que no puede, inflamado de pasión y deseando consumar el matrimonio con su hermosísima y purísima mujercísima.

jueves, 17 de julio de 2014

Lohengrin - Acto II

Estamos en el exterior del palacio de Amberes, en el que se está desarrollando un fiestón de tomo y lomo para celebrar el feliz desenlace del acto primero, y claro, los únicos que no asisten al evento son Ortrud y Telramund, porque después del mal rollo del combate, pues no les apetecía irse de marcha con los demás, así que se han ido por su cuenta y ahora vuelven de un after de lo más tirado al que fueron pensando que había un show de orgía lésbica de alto standing y luego resultó que era un bar de osos de baja estofa, con lo que se vieron obligados a consumir todo tipo de drogas de diseño para superar el disgusto, pero resultó que el que les pasó las pastis era un chungo de mucho cuidado y les sentaron fatal, así que están hechos polvo porque encima ven que los demás están aún de juerga y, claro, les da un bajón horroroso.

martes, 1 de julio de 2014

Lohengrin - Acto I

Si un día cualquiera alguien les dice que les va a contar una historia que comienza cuando los Brabanzones se reúnen para recibir al rey Ricardo el Pajarero, que está todo sobresaltado porque vienen los húngaros, lo más probable es que echen a correr y no paren hasta llegar a la armería más próxima, donde infringirán varias leyes para adquirir armas automáticas con las que masacrar sin piedad a quien les haya intentado meter semejante chapa. Bueno, pues créanlo o no, nuestra historia comienza justo así, pero claro, esto es una ópera y ya sabemos que en una ópera pueden pasar las cosas más estrambóticas sin que nadie mueva una pestaña.

domingo, 22 de junio de 2014

Turandot - Acto III

A Turandot, de pequeñita, le habían regalado un libro titulado "Cómo ganarte el favor de tu pueblo en diez lecciones. Guía para princesas exóticas", pero lo que nadie sabía era que el libro era una estratagema occidental para hacerse con el comercio de gatos de esos que mueven la patita sin parar, con lo que todos los consejos que ofrecía iban de lo insensato a lo suicida. Bueno, pues justo hoy le ha dado a la criatura por desempolvar el volumen y poner en práctica alguna de las ideas que sugería, y la que más atractiva le parece (no olvidemos lo que le va a la princesita una sangre) es la de ordenar pena de muerte para muchísima gente. Así que, toda ufana, promulga la orden de que muera todo el mundo que sepa el nombre del príncipe y no lo desvele. Su papá el emperador no es que esté muy de acuerdo, pero la nena se pone ordinaria y le dice que se vaya a freír raíces de loto, así que efectivamente se proclama la orden, y los guardias recorren el decorado diciendo que nadie debe dormir en Pekín hasta que se averigüe el nombre. El príncipe aprovecha la ocasión para soltarnos por fin el Nessun dorma, y justo al final del aria es costumbre en todos los teatros cerrar las puertas a cal y canto, para que el público, una vez ha oído por fin lo que quería y a lo que ha venido a la función, no salga de estampida a organizar orgiásticas francachelas. Vamos, que tienen que aguantarse y quedarse sentaditos hasta que se acabe la ópera.