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Templo de Isis. Todos rezan. Es la víspera del matrimonio entre Amneris y Radamés, y todos rezan. Amneris, en concreto, tiene un plan de oraciones súper detallado que le han prescrito en la Corporación Niloestética como último recurso, después de haberla embadurnado con los barros más repulsivos y haber probado con ella los tratamientos más avanzados, y tras haber rechazado el plan de una esteticienne especialmente rumbosa, que proponía embalsamarla en vida. Así que Amneris reza con un fervor que ya quisieran para sí muchas beatas de toda la vida, a ver si Isis tiene a bien transformarla en una belleza que sea deseada por Radamés, porque la chica no se engaña, y sabe bien que aunque se case con ella, la que le pone es Aída, su rival, su esclava, lo peor.
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Templo de Isis. Todos rezan. Es la víspera del matrimonio entre Amneris y Radamés, y todos rezan. Amneris, en concreto, tiene un plan de oraciones súper detallado que le han prescrito en la Corporación Niloestética como último recurso, después de haberla embadurnado con los barros más repulsivos y haber probado con ella los tratamientos más avanzados, y tras haber rechazado el plan de una esteticienne especialmente rumbosa, que proponía embalsamarla en vida. Así que Amneris reza con un fervor que ya quisieran para sí muchas beatas de toda la vida, a ver si Isis tiene a bien transformarla en una belleza que sea deseada por Radamés, porque la chica no se engaña, y sabe bien que aunque se case con ella, la que le pone es Aída, su rival, su esclava, lo peor.
Radamés está fuera del templo, pero también reza, en este caso suplicando al buen Osiris que a Amneris le caiga encima un piano de cola, a ser posible Steinway, lo cual es una incongruencia del libreto, porque en el antiguo Egipto todos los pianos eran verticales, pero vamos, con tal de que le caiga algo bien grande Radamés es capaz de inventar un instrumento nuevo que lo libre de contraer matrimonio con la princesa de peculiar belleza. Además, está fuera del templo porque ha quedado en secreto con Aída, y Aída se retrasa, porque otra vez está un una asamblea de la plataforma de sumisas travestis del antiguo Egipto, que también habían podido elegir otro día para reunirse, pero era el único en que a todas les venía bien, qué se le va a hacer. El grupo está muy activo últimamente, reclamando sin cesar que todos los derechos adquiridos por las sumisas travestis les sean revocados, y poder vivir así su esclavitud de manera más profunda. Entre eso, que se lían a hablar, y que en cuanto una nombra un látigo se ponen todas como perras, les duran las asambleas una cuaresma. Y así llega Aída, agotada y apresurada al encuentro con su Radamés. Pero con quien se encuentra antes es con su padre, Amonasro, que ya hemos dicho que es más malo que el tabaco.
Para empezar le dice a Aída que ha cambiado mucho desde que se fue, y que ahora apoya totalmente su estilo de vida alternativo. Aída no se lo cree, de hecho, no se lo cree ni él, pero como es malo malísimo sigue con sus mentiras para intentar congraciarse con su hija. Pero lo hace por puro interés, porque los personajes malos como Amonasro solo se mueven por su monstruoso egoísmo, de hecho inmediatamente pasa a otra de sus especialidades, que es el chantaje emocional, esto se le da de miedo. Que si tus pobres compatriotas, que si tu patria vencida, que si tu bandera humillada, que si la prima de riesgo por las nubes, pues chica, ya que eres tan amiguita del Radamés, ya le podías sonsacar dónde está el ejército egipcio para atacarles y conquistarles y exterminarles, todo como muy de la antigüedad, vamos, ni reconciliación ni gaitas gallegas. En un esfuerzo final, le dice que cuando vuelvan a su tierra la encerrará en una jaula de la que solo saldrá para ser ultrajada, vilipendiada y mancillada, en ese orden, por toda la tropa sudorosa tras los ejercicios militares más violentos. Y claro, una oferta así no hay sumisa travesti que la resista, así que Aída accede a ayudar a su padre, quien se oculta tras un decorado para escuchar la conversación de los enamorados.
Aparece Radamés, todo inflamado, y le jura a Aída que solo se casará con ella, y que si quiere ver bestias aterradoras se va al zoo y no necesita desposar a ninguna princesa egipcia. Así que deciden huir a un lugar remoto, donde nadie les conozca y donde no haya llegado noticia alguna de sus amoríos. Aída al principio piensa que Radamés se está refiriendo a Arcosur, esa tierra mítica donde mana leche y miel, y no se orienta mucho, pero el militar le explica que todo es una metáfora, y que está empleando un elevando lenguaje poético del mejor gusto para referirse a cualquier lugar en el que puedan emprender una nueva vida. Aída está tentada entonces de revelarle su "pequeño" secreto, pero, por si acaso, decide esperar un día o dos, que tampoco es cuestión de tomar tantas decisiones radicales en una tarde. Entonces Radamés la lía parda: le dice a Aída que pueden huir por un sitio seguro, revelando dónde está el ejército egipcio, que era lo que Amonasro quería oír. Si Amonasro, además de malo, no fuera un personaje de ópera, lo que hubiera hecho sería quedarse calladito detrás de su decorado, y aprovechar la ventaja de la que dispone. Pero como, además de malo, es un personaje de ópera, lo que hace es precisamente salir de su escondite gritando que es Amonasro, el rey etíope, y que la va a armar buena. Precisamente en ese momento, no antes ni después, decide salir Amneris del templo, qué oportuna la chiquilla, y además sale con el sumo sacerdote, que inmediatamente acusa a Radamés de traición, de ser el causante de la crisis económica que padece Egipto, y ya de paso, de la desertificación del país del Nilo. Aída le suplica a Radamés que huya con ella, pero Radamés, que también es personaje de ópera, no lo olvidemos, dice que ni hablar, que él sin honra no va a ninguna parte, así que se deja capturar para afrontar su destino con nobleza, hombría y coraje.
Puedes leer el Acto IV de Aida pulsando aquí.
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